Ya de vuelta de las vacaciones en Córdoba, me veo de nuevo reincorporada a la triste rutina que supone el trabajo diario tras la luminosa alegría de una ciudad como Córdoba.
Esta mañana, trasegando como podía con mi depresión postvacacional y tratando por todos los medios de no dar media vuelta hacia casa, iba en el metro camino al trabajo y he visto unos versos en una de las láminas de poemas que hay en los trenes.
Estos versos me llamaron la atención, en primer lugar, porque nunca antes los había leído.
En segundo lugar, porque aún siguen de rabiosa actualidad en muchos países (e incluso en este). Parece que para muchos hombres es como si no hubieran pasado 400 años (y pico). Curioso, ¿no?.
A algunos hombres sus madres deberían de actualizarles el chip y darles cuerda al mundo moderno, porque la mentalidad medieval encaja muy mal con las mujeres del nuevo milenio.
HOMBRES NECIOS, DE Sor Juana Inés de la Cruz (1648?-1695) Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia,
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que falta de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?
Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos enhorabuena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada,
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
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¿No os parece que muchos hombres siguen con la misma mentalidad que los contemporáneos a Sor Juana de la Cruz?
Hipócritas, egoístas y ruines.
Menos mal que cada vez son más los que se comportan como hombres hechos y derechos, consecuentes y razonables.
Ana